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PULGONES

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PULGONES

Los pulgones son insectos hemípteros (orden al que pertenecen también la mosca blanca y las cochinillas) de la familia de los áfidos. Esto es, insectos de cutícula blanda, con aparato bucal picador que se dedican a clavar en los tejidos de las plantas para chupar su savia. Suelen medir unos pocos milímetros. Una característica de éstos insectos es su gran proliferación cuando las condiciones son adecuadas, presentando varias generaciones a lo largo del año, con individuos alados y ápteros (sin alas) y la capacidad que tienen las hembras de parir crías vivas sin intervención del macho (partenogenéticas).

Éste sistema de alimentación puede producir daños variados en las plantas. Los pulgones suelen preferir para alimentarse las partes más tiernas de las plantas, proliferando sobre todo en los ápices de las ramas y en las yemas. Si las picaduras se producen en las yemas, cuando las hojas se están formando, éstas pueden luego desarrollarse deformadas, sin posibilidad de recuperarse ya. Pero el síntoma más común es la observación de numerosos insectos en las puntas de las ramas jóvenes. También se pueden detectar por la presencia de melazas debajo de las plantas afectadas.
Las melazas son líquidos azucarados expulsados por la cloaca de los pulgones. Se detectan porque donde caen dejan la superficie brillante. Más tarde pueden ser colonizados por hongos oportunistas y se vuelven negros llamándose negrilla.


Pulgones en fuchsia:



Además, si la plaga es importante, la planta se debilita notablemente. También hay que tener en cuenta que pueden ser vectores de transmisión de virus y bacterias, así como las heridas que producen ser un vehículo de entrada para otros organismo patógenos.
Por último se puede añadir otro daño colateral: la negrilla (ver enfermedades).

Existen numerosos insecticidas eficaces contra ésta plaga, tales como clorpirifós, cipermetrín, deltametrín, bifentrín, pirimicarb, metiocarb, dimetoato, imidacloprid. Éste último está especialmente recomendado por su eficacia así como por su persistencia y ser sistémico, esto es, penetra por la planta, en éste caso, tanto por vía foliar como radicular, de forma que mata tan sólo a los insectos que la piquen, respetando a los demás. La aplicación radicular, disuelto en el agua de riego, tiene la ventaja de la comodidad y ahorrarnos el proceso de fumigado, que siempre implica molestias y aún puede ser peligroso al aplicarlo, para nuestra salud.

Como tratamientos ecológicos también se pueden usar agua jabonosa (mejor con jabón potásico), pelitre o rotenona.

Pilar Bueno
Junio de 2009


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